Jordi Socías por Juan José Millás.


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Jordi Socías por Manuel Vicent.


JORDI SOCIAS EN DOS PALABRAS /
Manuel Vicent.

Jordi Socias es propietario exclusivo de dos vocablos: ante cualquier hecho que le interese, bien sea un terremoto o un vino excelente, la próxima guerra mundial, una puesta de sol o simplemente un cuerpo espléndido de mujer que pase por su lado, usará inevitablemente las palabras: impresionante, acojonante. Por otra parte cualquier discusión, contrariedad o diferencia con alguien la resolverá diciendo: oye, bonito, de esto nada. Acojonante, impresionante, así es el mundo, así resuelve Jordi Socias con sólo dos vocablos la realidad contradictoria de la existencia, pronunciadas unas veces con ironía y otras con admiración y otras con un cabreo envasado.

Un día de su juventud, después de mil oficios y aventuras frustradas, Jordi Socias compró una cámara fotográfica de segunda mano y aprendió por correo un oficio que en principio consistía en apretar el botón y esperar que la realidad apareciera flotando al revelarse dentro de la palangana. Eran aquellos días lejanos y polvorientos de la Barcelona de posguerra. No vamos a hacer biografía de este genio a la hora de apretar el dedo. Sólo decir que desde entonces hasta hoy Jordi Socias se ha machacado en el periodismo como un fotógrafo todo terreno y ha recorrido todos los caminos: de reportero de calle hasta editor, en medio de la sucia vida cotidiana o al frente de la agencia Cover, obedeciendo a un redactor jefe o mandando en el cierre, siempre ha encontrado un punto de fuga para escapar de la actualidad, saltarse la barda y perderse en el territorio del arte, que en general ha encontrado en el rostro de los personajes que más le han interesado hasta convertirlos en el paisaje ciudadano moderno. No lo ha hecho de un modo furtivo. Desde el primer momento cualquiera de sus trabajos, aun el más cotidiano y alimenticio, tenía siempre un toque de distinción. Ahora que él está arriba, pregúntate quien eres y qué haces en este mundo si Jordi Socias no te ha fotografiado. Cualquiera que sea alguien en el mundo del arte, del cine y de la literatura en España ha sido marcado por el hierro de su cámara.

Se supone que un fotógrafo, que se sienta artista, crea su propio mundo a través de una mirada selectiva. Aprender a mirar es la primera lección de este oficio. He visto trabajar muchas veces a Jordi Socias. Para empezar se trata de un fotógrafo que tarda bastante en desenfundar el revólver. Se toma la cosa con calma. No se dispersa, ni se pone nervioso, ni dispara contra todo los que se mueve. Primero se deja balancear por la realidad, parece que cualquier suceso de alrededor no vaya con él, aunque su mirada de halcón está siempre en estado de alerta avizorando una pieza que valga la pena de abrir la bolsa y sacar la cámara. Cuando la encuentra, entonces se abate sobre ella, pero tampoco la acribilla. Le basta con dos o tres disparos, salvo que se emocione y su presencia le parezca acojonante, impresionante. Al final, si el resultado le parece feliz, premiándose a si mismo, puede que te guiñe un ojo.

Como los grandes que fundaron la agencia Mágnum, Jordi Socias se ha alineado entre aquellos fotógrafos que saben que la belleza es inseparable de la función. En este sentido, cualquiera de sus trabajos siempre ha tenido un aire realista, irónico y cosmopolita, bajo la férrea norma de la modernidad, que no otra cosa que una mezcla de naturalismo y sofisticación, con un toque de fino humor que convierten cualquier imagen en un flujo surreal, de la misma forma que aparecía el mundo en el principio dentro del agua de la palangana cuando se revelaba fluctuando.

El nombre de Jordi Socias va unido al periodismo, al cine, a la política y al glamour. La vida de aquella Barcelona mitológica del cine Roxi, la etapa de la rebeldía ideológica vivida en la alcantarilla durante el franquismo, las primeras asonadas bajo los gases lacrimógenos, las nuevas figuras de la Transición, la movida de Madrid, las nuevas tribus urbanas, los acontecimientos internacionales que iban ensangrentando el candelario, los viajes a países exóticos, todo ha sido molturado por la cámara de Jordi Socias y sobre ese oleaje de la actualidad cambiante han quedado fijados los rostros de algunos personajes cuyo retrato ha pasado a formar parte de los iconos de nuestro tiempo.

Jordi Socias tiene la risa fácil, la cólera instantánea y la ironía catalana, dones que hace valer en la sobremesa a la sombra de un vino que se deje beber sin perder la dignidad. Allí te puede contar los pormenores de aquel retrato que le hizo a Graham Green en su apartamento de Antibes o a Le Carré sentado en la pradera o a Leonardo Sciascia en su pueblo de Sicilia o a Borges bajo la cúpula del hotel Palace. Si te dedicas al cine, al arte, a la literatura, a la política, a la bohemia; si has sacado la cresta en algún oficio interesante de este mundo, pregúntate quien eres si Socias no te ha echado la vista encima. Ponte en lo peor si este tipo al verte o al oírte no ha pronunciado dos de sus palabras: impresionante, acojonante. Sin darle importancia y como quien no quiere la cosa, este artista de la cámara lo ha visto todo, lo ha fotografiado todo, pero su obra tiene una huella digital, esa mezcla de realismo y sofisticación, que hace que cualquiera desee ser una de sus criaturas.




Madrid crea / Jordi Socías.